|
LA COLUMNA DE "EL DECANO".- Por Daniel Galoto.- (33 años cubriendo a Independiente).-
Diego Forlán de Independiente de Avellaneda al Manchester United de Inglaterra...
UN RIOPLATENSE EN OLD TRAFFORD...
Mucho tiempo viví en Uruguay, lo recorrí casi todo. Por eso conozco la idiosincrasia de lo orientales profundamente. Con tal de que no le toques la Celeste, la Cumparcita y Punta del Este (argentinizada); todo lo demás, nos hermana... Somos casi iguales. ¿Se imaginan qué país hubiese sido Argenguay, con ambas márgenes del Río de La Plata dominadas por un único estado? ¡Y en el fútbol! Tendríamos cuatro mundiales de la FIFA, miles de Copas América, cientos de Libertadores; el campeonato se jugaría con los siete grandes del sur... Los tradicionales cinco de aquí (Independiente, Boca Juniors, River Plate, San Lorenzo y el Racing Club); más los dos de allá (Peñarol y Nacional). Hubiese sido bárbaro. Pero no, entre próceres y traidores la civilización europea nos dividió en los mapas, pero no en los sentimientos y, mucho menos, en el espíritu. Así, argentinos y uruguayos; porteños y orientales, como Gardel y Razzano, somos casi iguales.
Por eso, un bronce viviente de los Diablos Rojos de Avellaneda, el querido "Pato" José Omar Pastoriza le dio su cálida amistad a Pablo Forlán, uno de los máximos símbolos peñarolenses. Dos patriarcas sin duda. De la mano de Pastoriza en ésta ocasión no llegó un título, ni una vuelta, como tantas otras veces. Ésta vez arribó un uruguayito flaco, enjuto, meditante y profundamente rubio; con cara de asombro, timidez y recelo. Era Diego, el hijo de Pablo, nieto de Corazo; quien de la mano del Pato tocaba tierra porteña para cruzar primero el charco y luego, el Riachuelo. Diego sería desde entonces, el Forlán de Independiente. Lo bautizaron "Cachabacha", sus creativos y pícaros compañeros de la pensión roja; cara de bruja con ojos verdes y algunos lo cargaron por su "fealdad", la que muchas chicas argentinas transformaron rápidamente en idolatría fanatizada. Cada partido de reserva lo iba acercando a la letra chiquita de los diarios en las síntesis o en la mínima información con el resultado y los autores de los goles. Avanzaba, remataba, la metía en el ángulo o la tiraba aún más alto que el propio escudo de la Visera Vieja... Lo vio el Flaco César Luis Menotti y tocó la primera. No fue tan centrodelantero como en los preliminares, pero ésto le dio una mejor visión del área rival y ganó en despliegue ofensivo. Sus goles fueron confirmando su calidad y eficacia. Hizo muchos, yerró otros tantos. Pero en el fútbol de hoy cuentan más los videos con los que hacés, que los "cortes" de los que te errás... Los goles le fueron dando crédito, fama y nombre. Lo confirmó Piazza y lo ratificó Enzo Héctor Trossero.... De entrada Independiente perdió un cachito de su pase; luego, otro y otro más. Hasta llegar a un 60% para el Club y un 40%, para el empresario. Tuvo sus instantes de máximo brillo con la roja camiseta, de la que se hizo hincha, porque se le impregnó en el todo el cuerpo con cada grito y en cada festejo. Aplaudimos sus goles, lo elogiamos y lo criticamos. Tuvo su época mala, cuando enloquecido, no vacilaba en rematar sin miramientos y generalmente la mandaba afuera, perdiéndose goles increíbles.
Cientos de empresarios pretendieron negociarlo. Faxes tras faxes, "call to call; where is Forlán? How much he costs?". Perfeccionó su físico y se hizo hombre en Avellaneda, bajo el cálido y fraternal amparo de la Doble Visera de Cemento... La Barra del Escudo le cantó muchas veces el tradicional: "¡U-ru-gua-yo! ¡U-ru-gua-yo!". ¿Uruguayo?
Transitó la solemnidad de Carrasco, en Montevideo, Uruguay; con el mismo paso firme que camino la enloquecida Avenida Mitre, en Avellaneda, Argentina. Mezcló el "Tá" oriental con el "Ché" más porteño. Por su estómago transitaron tanto los chivitos, frankfurters y "directos" (vasos altos de cerveza) de La Pasiva; como las pizzas redondas (-en Uruguay generalmente son cuadradas-), los anchos bifes de chorizo y el genuino vino tinto argentino... Danubio, Independiente, Montevideo, Avellaneda... Otro Diego, éste Forlán, quien nació al ruido futbolístico mundial para convertirse en la transferencia más importante en la historia del Gran Campeón Internacional del Siglo XX: ¡Independiente! Algo así como 6.900.000 libras, dijo una cadena televisiva europea...
Llegó a Londres pensando que iba a jugar en el Middlesbrough, pero finalmente lo compró el fabuloso Manchester United, el multicampeón actual. El club que vende más merchandasing y con más marketing en el mundo en el presente (no confundir con el que tiene más hinchas; que es el Flamengo de Brasil). Si hasta el propio Alex Ferguson, su nuevo director técnico, lo paseó por el césped y las tribunas del histórico y renovado Estadio de Old Trafford, donde Estudiantes de La Plata (con aquel empate uno a uno, el del cabezazo de Verón, padre) ganara su Copa Intercontinental en 1968. Precisamente, Diego jugará allí con el hijo pelado del hombre que montaba sobre las escobas...
Diego estuvo en la cancha viendo el agónico triunfo (dos a uno) de los Red Devils de Manchester contra el Blackburn Rovers, pero pocos lo reconocieron. Observó sus viseras (al menos no habrá tantas diferencias, estarán las viseras; estará sobre su pecho la misma camiseta roja...); miró el comportamiento del público, el accionar del equipo y los movimientos de sus compañeros. Hasta tuvo tiempo de retarlo, mediante una llamada radial de Rivadavia, a su amigo Rocha, el arquero de los Diablos de Avellaneda, porque: "No le había respondido los mensajes que le había dejado en el contestador telefónico de su celular"...
Ya su fama es internacional. Ya los uruguayos dicen de nuevo: "¿No ves?, ¡como siempre los porteños se apropian de los uruguayos célebres!". "Se adueñaron de Pavoni, de Alzamendi, de Francescoli, de Gardel, de La Cumparcita...". "¿No oiste que dijeron que Forlán es genuino representante del fútbol argentino en Inglaterra?". Bien. La eterna discusión de siempre. No vamos a profundizar, al menos aquí y ahora, en ella... Allá en el legendario Old Trafford quedó él. El Diego del Rojo. El "argenguayo" o mejor, el rioplatense. (¿Victor Púa lo llamará ahora para el Mundial de Korea-Japón 2002? ¿Vestirá por fin la Celeste en la Selección Mayor?. Con su polera negra de cuello doblado y cierre alto, su campera negra de cuero, su vaquero y sus ilusiones auténticas y genuinas... "Tan merecidas...", como dicen en tú Montevideo.
¡Ojalá que tengas mucha suerte querido Diego! Por buen tipo y por falangista. Ya nadie te podrá sacar la camiseta roja con el escudo del C.A.I. de tu pecho, la tendrás pintada en la piel para siempre. La llevarás eterna dentro de tú corazón.
DANIEL GALOTO, hace unos siete años... |